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Piedra, papel o celuloide



(viñeta: Marian Kamensky)

Asisto con tristeza y expectación al último episodio de violencia policial con resultado de muerte en los Estados Unidos. Tristeza al comprobar que por el color de la piel aumentan las posibilidades de perder la vida a manos de los agentes de la ley y el orden. Expectación por saber si toda esta ola de indignación y ganas de cambiar las cosas desaparecerá por donde ha venido. Quisiera dejar claro mi más absoluto rechazo y repulsa ante este tipo de episodios que desgraciadamente tienen lugar a cientos en diferentes partes del mundo y a los que casi nunca se les presta atención a no ser que vengan acompañados del correspondiente video viral. Saqueos aparte, la reacción en caliente los días posteriores es entendible. Ese racismo latente tan made in USA ha vivido tiempos mejores, con multitudinarios desfiles del KKK por todo el país y linchamientos en plena luz del día. Solo hay que darse una vuelta por internet para comprobar que no son pocos los que añoran los tiempos en que regían  las leyes de Jim Crow.



Con una frecuencia similar a la de los eclipses solares vuelve la polémica con “Gone with the Wind” (Lo que el viento se llevó 1939), aunque en realidad la oscarizada cinta ya venía con un defecto congénito desde sus inicios. No fueron pocas las voces que advirtieron hace 80 años que aquella idealización del sur y los esclavos era un atentado en toda regla. Volvamos al presente, los disturbios en el país del tío Sam preocupaban y he aquí que algún CEO tuvo la feliz idea, HBO anuncio que retiraba de su catálogo (el guionista John Ridley los puso en el disparadero con su columna…) la controvertida película para luego rectificar anunciando que la repondría con un texto de advertencia y que resultase clarificador. El aleteo de la mariposa se dejaba sentir al otro lado del océano, la BBC y Netflix comunicaban su decisión de mandar al destierro digital las divertidas, transgresoras y gamberras ‘Little Britain’ y ‘Come fly with me’.

 (viñeta: Marian Kamensky)

Tengo sentimientos encontrados hacia ese gran país. Por un lado me fascinan infinidad de aspectos de su cultura y costumbres, pero por el otro detesto y me asquean sus miserias morales. Es muy preocupante que 60.541.308  de estadounidenses votasen por Trump, pero ahí está, día tras día y despropósito tras despropósito ocupando la presidencia. Los Estados Unidos de América vienen a ser algo así como el Langley de los tarados, una especie de cuartel general de negacionistas, visionarios, terraplanistas, antivacunas, telepredicadores, conspiranoicos y demás fauna. Toda esta mierda la exportan y desde aquí se la compramos. Es por eso que si bien entiendo la rabia y las ganas de echarse al monte no comparto la idea de censurar películas como la que nos ocupa. El problema del racismo no se soluciona con estas medidas. Ya sé, los símbolos y las estatuas son importantes y puede que ese sea el principio del camino, yo sin embargo veo cierto postureo (lo digo por los de HBO…), algo así como cuando el personal apaga las luces de casa durante una hora el dia del planeta y el resto del año se comporta como un puto yihadista medioambiental, ¿recuerdan a nuestro rey emerito cazando elefantes en Botsuana siendo presidente de honor de WWF?(World Wildlife Fund), pues eso… Que algunos de los miembros de la policía de Trumplund lo mismo acribillan a un negro desarmado que al dia siguiente se marcan un flashmob sin ningún rubor en la Central Station que siempre queda bien en Instagram.

Ojalá la solución consistiese en aplicar la tijera, arrojar al fuego o derribar estatuas. Una cosa si es cierta, todo este ruido ha motivado compromisos (y esto sí que es importante, bastante más que la censura…) por parte de las autoridades a la hora de eliminar ciertos métodos de detención rodilla en cuello, tampoco estaría de más revisar los criterios de admisión en los cuerpos policiales así como que cojones se enseña en las academias, que cuatro agentes tipo quaterbacknecesiten disparar para reducir a un sospechoso dice muy poco de su profesionalidad y bastante de su adn psicópata. Yo desde luego sigo teniendo mis dudas, teniendo en cuenta como están esas cabezas en yanquilandia no me extrañaría nada que el descerebrado del tupe alargase otros cuatro años más su estancia en la Casa Blanca. Lo mismo que las reseñas de las películas esto no deja de ser más que una opinión personal. Espero no haber ofendido a nadie con mis palabras. Vamos a cerrar con mi admirado Guillermo Cabrera Infante con algo que viene muy a cuento del tema en cuestión.

Una vez un ciudadano negro fue a votar en Alabama. En Alabama hay una ley que prohíbe votar a los iletrados. El encargado de autorizar a los votantes hizo que el votante negro leyera un diario local. Luego le hizo leer un diario francés. Después un diario en español. El votante leyó en ambos. Finalmente le trajeron un diario chino y le preguntaron: “¿Qué dice aquí?” El votante negro con toda calma, respondió: “Que los negros no pueden votar en Alabama”
Lunes de Revolución (editorial 4 julio 1960) Guillermo Cabrera Infante








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